Mostrando las entradas con la etiqueta Cristo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cristo. Mostrar todas las entradas

VIERNES SANTO

5 Comentarios

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido;
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor; muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muévanme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No tienes que me dar porque te quiera;
pues aunque cuanto espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


Soneto de autor desconocido.


Texto: vía Etimologías
Foto: La Crucifixion de Masaccio (1426)

Tags: ,

Cristianismo, don de la AMISTAD

1 Comentarios
“Mirar a Cristo”. Si hacemos esto caemos en la cuenta de que el cristianismo es más y algo distinto de un sistema moral, de una serie de preceptos y leyes. Es el don de una amistad que perdura en la vida y en la muerte: “No os llamo siervos sino amigos” (Jn 15,15) dice el Señor a los suyos. Nos confiamos a esta amistad. Justamente por que el cristianismo es más que una moral, es el don de la amistad, justamente por esto trae consigo una gran fuerza moral de la cual nosotros, ante los desafíos de nuestro tiempo, tenemos tanta necesidad. Si con Jesucristo y con su Iglesia releemos siempre de manera nueva el Decálogo del Sinaí, penetrando en sus profundidades, entonces éste se nos revela como una gran enseñanza. Es sobretodo un “sí” a Dios, a un Dios que nos ama y nos guía, que nos sostiene y que además nos deja nuestra libertad, es más, la transforma en verdadera libertad (los primeros tres mandamientos). Es un “sí” a la familia (cuarto mandamiento), un “sí” a la vida (quinto mandamiento), un “sí” a un amor responsable (sexto mandamiento), un “sí” a la solidaridad, a la responsabilidad social y a la justicia (séptimo mandamiento) un “sí” a la verdad (octavo mandamiento), y un “sí” al respeto del prójimo y aquello que le pertenece (noveno y décimo mandamiento). En virtud de la fuerza de nuestra amistad con el Dios viviente, nosotros vivimos este múltiple “sí”, y al mismo tiempo lo llevamos como indicador del recorrido dentro de nuestro mundo.
Homilía del papa Benedicto XVI en la Misa con ocasión del 850 aniversario de fundación del Santuario de Mariazell (Austria). El texto completo de la homilía aquí.

Tags:

LA FE CRISTIANA en AMÉRICA LATINA

5 Comentarios
La fe en Dios ha animado la vida y la cultura de estos pueblos durante más de cinco siglos. Del encuentro de esa fe con las etnias originarias ha nacido la rica cultura cristiana de este Continente expresada en el arte, la música, la literatura y, sobre todo, en las tradiciones religiosas y en la idiosincrasia de sus gentes, unidas por una misma historia y un mismo credo, y formando una gran sintonía en la diversidad de culturas y de lenguas. En la actualidad, esa misma fe ha de afrontar serios retos, pues están en juego el desarrollo armónico de la sociedad y la identidad católica de sus pueblos. A este respecto, la V Conferencia General va a reflexionar sobre esta situación para ayudar a los fieles cristianos a vivir su fe con alegría y coherencia, a tomar conciencia de ser discípulos y misioneros de Cristo, enviados por Él al mundo para anunciar y dar testimonio de nuestra fe y amor.
Pero, ¿qué ha significado la aceptación de la fe cristiana para los pueblos de América Latina y del Caribe? Para ellos ha significado conocer y acoger a Cristo, el Dios desconocido que sus antepasados, sin saberlo, buscaban en sus ricas tradiciones religiosas. Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente. Ha significado también haber recibido, con las aguas del bautismo, la vida divina que los hizo hijos de Dios por adopción; haber recibido, además, el Espíritu Santo que ha venido a fecundar sus culturas, purificándolas y desarrollando los numerosos gérmenes y semillas que el Verbo encarnado había puesto en ellas, orientándolas así por los caminos del Evangelio. En efecto, el anuncio de Jesús y de su Evangelio no supuso, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas, ni fue una imposición de una cultura extraña. Las auténticas culturas no están cerradas en sí mismas ni petrificadas en un determinado punto de la historia, sino que están abiertas, más aún, buscan el encuentro con otras culturas, esperan alcanzar la universalidad en el encuentro y el diálogo con otras formas de vida y con los elementos que puedan llevar a una nueva síntesis en la que se respete siempre la diversidad de las expresiones y de su realización cultural concreta.
En última instancia, sólo la verdad unifica y su prueba es el amor. Por eso Cristo, siendo realmente el Logos encarnado, "el amor hasta el extremo", no es ajeno a cultura alguna ni a ninguna persona; por el contrario, la respuesta anhelada en el corazón de las culturas es lo que les da su identidad última, uniendo a la humanidad y respetando a la vez la riqueza de las diversidades, abriendo a todos al crecimiento en la verdadera humanización, en el auténtico progreso. El Verbo de Dios, haciéndose carne en Jesucristo, se hizo también historia y cultura.
Contundentes palabras del papa Benedicto XVI en la inauguración de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida.

Mas importante que la condena a los regímenes autoritarios en esta parte del mundo, es esta defensa de la fe en nuestro continente legado de la conquista que fue abrazada por los conquistados engendrando una nueva cultura y demostrando que se dió algo más importante que la incursión violenta a la cual se limitan muchas lecturas históricas (más bien, ideologizadas) en un afán reivindicacionista que sólamente produce traumas y resentimientos capitalizados por los proyectos totalitarios aludidos.

(Todo esto sin mencionar el papel de la Iglesia en la reflexión -inédita hasta entonces- sobre el hecho mismo de la conquista (la "duda indiana": ¿Nos asiste el derecho?) que, junto con la denuncia de los abusos cometidos por los conquistadores, impulsó la promulgación de las Leyes de Indias y al nacimiento del ius inter gentes, el Derecho Internacional Moderno, fuente de los Derechos Humanos.)

Forjadora de una nación: La Virgen de Guadalupe


Tags:

La apuesta latinoamericana de BENEDICTO XVI

2 Comentarios
Benedicto XVIBenedicto XVI ha venido decidido a dar golpes de timón necesarios por estos lares para encaminar a la Iglesia en Latinoamérica, llamada a ser el continente de la esperanza. Desde el avión el papa demostró que no dará lugar a medias tintas o indefiniciones. Habiendo dejado en claro la excomunión para los que procuran el aborto, dió por sentada la posición de la Iglesia frente a la Teología de la Liberación, sin menoscabo alguno de su rol social: La Teología de la Liberación fue un “milenarismo” que no se justifica hoy


En declaraciones concedidas hoy a los periodistas durante el vuelo rumbo al Brasil, el Papa Benedicto XVI señaló que la Teología de la Liberación fue una forma de “Milenarismo” que no tiene justificación en la actual realidad latinoamericana, especialmente ante la difusión de la auténtica preocupación social de la Iglesia.
Al explicar que “la misión de la Iglesia es religiosa, pero se abre a las soluciones de los grandes problemas sociales”, el Pontífice dijo durante la improvisada rueda de prensa en el avión que “hay siempre espacio para un debate legítimo sobre cómo crear las condiciones para la liberación humana y sobre cómo hacer eficaz la doctrina de la Iglesia e indicar las condiciones humanas y sociales, las grandes líneas en las cuales los valores pueden crecer”.
Sin embargo, el Papa aclaró que hoy “ha cambiado profundamente la situación en la cual la teología de la liberación nació”. “Es evidente que las fáciles promesas que hacían creer que pueden conseguir de una revolución las condiciones para una vida completa estaban equivocadas; esto ahora lo saben todos y el punto es cómo la Iglesia debe estar presente en la lucha por la justicia: sobre esto se dividen teólogos y sociólogos”, agregó.
Como el propio marxismo del cual bebe, la Teología de la Liberación Marxista era otra ideología milenarista que subordinaba el mensaje cristiano a consideraciones e imperativos sociales, con la premura de una revolución en ciernes. Debido a esto es que la Iglesia por mantenerse fiel a su misión evangélíca sufre de la arbitraria y absurda calificación de estar ajena a la realidad social, en especial la situación de los pobres.

Qué duda cabe que los "pobres", "marginados" y "oprimidos" se han convertido en el público objetivo y bandera de las ideologías totalitarias y liberticidas cuyos seguidores, apropiándose del discurso "social", suelen adoptar posturas intransigentes amenazando con tomar el camino de la violencia para llevar a cabo sus propuestas "humanitarias", las que -sabemos por historia- siempre terminan empeorando la situación de sus supuestos protegidos. Claro que eso no resta razón al reclamo de los desposeídos, pero cuando por inmediatez, por desear una pronta y rápida solución a sus problemas, ponen sus esperanzas en tales proyectos radicales, convierten esa aspiración de justicia en instrumento de su propia desgracia.

La fe cristiana, por el contrario, opta por la transformación del hombre desde su corazon mismo, en lugar de externalidades como la transformación -a menudo violenta- de sus condiciones sociales. Esta metodología de la fe se afirma en la mirada de Cristo. Al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas (Mt 9,36):

La «mirada» conmovida de Cristo se detiene también hoy sobre los hombres y los pueblos, puesto que por el «proyecto» divino todos están llamados a la salvación. Jesús, ante las insidias que se oponen a este proyecto, se compadece de las multitudes: las defiende de los lobos, aun a costa de su vida. Con su mirada, Jesús abraza a las multitudes y a cada uno, y los entrega al Padre, ofreciéndose a sí mismo en sacrificio de expiación.
La Iglesia, iluminada por esta verdad pascual, es consciente de que, para promover un desarrollo integral, es necesario que nuestra «mirada» sobre el hombre se asemeje a la de Cristo. En efecto, de ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su corazón. Esto debe subrayarse con mayor fuerza en nuestra época de grandes transformaciones, en la que percibimos de manera cada vez más viva y urgente nuestra responsabilidad ante los pobres del mundo. Ya mi venerado predecesor, el Papa Pablo VI, identificaba los efectos del subdesarrollo como un deterioro de humanidad. En este sentido, en la encíclica Populorum progressio denunciaba «las carencias materiales de los que están privados del mínimo vital y las carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo... las estructuras opresoras que provienen del abuso del tener o del abuso del poder, de las explotaciones de los trabajadores o de la injusticia de las transacciones» (n. 21). Como antídoto contra estos males, Pablo VI no sólo sugería «el aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza, la cooperación en el bien común, la voluntad de la paz», sino también «el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin» (ib.). En esta línea, el Papa no dudaba en proponer «especialmente, la fe, don de Dios, acogido por la buena voluntad de los hombres, y la unidad de la caridad de Cristo» (ib.). Por tanto, la «mirada» de Cristo sobre la muchedumbre nos mueve a afirmar los verdaderos contenidos de ese «humanismo pleno» que, según el mismo Pablo VI, consiste en el «desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres» (ib., n. 42). Por eso, la primera contribución que la Iglesia ofrece al desarrollo del hombre y de los pueblos no se basa en medios materiales ni en soluciones técnicas, sino en el anuncio de la verdad de Cristo, que forma las conciencias y muestra la auténtica dignidad de la persona y del trabajo, promoviendo la creación de una cultura que responda verdaderamente a todos los interrogantes del hombre.
ACTUALIZACIÓN: El texto de la entrevista en el avión camino a Brasil aquí (Vía Zenit)

Tags:

EL RESUCITADO

1 Comentarios
Cristo es tambien el Salvador del hombre de hoy. Cristo no nos salva de nuestra humanidad, sino a través de ella. Del mensaje de Pascua del Papa Benedicto XVI:

Cada uno de nosotros puede ser tentado por la incredulidad de Tomás. El dolor, el mal, las injusticias, la muerte, especialmente cuando afectan a los inocentes - por ejemplo, los niños víctimas de la guerra y del terrorismo, de las enfermedades y del hambre-, ¿no someten quizás nuestra fe a dura prueba? No obstante, justo en estos casos, la incredulidad de Tomás nos resulta paradójicamente útil y preciosa, porque nos ayuda a purificar toda concepción falsa de Dios y nos lleva a descubrir su rostro auténtico: el rostro de un Dios que, en Cristo, ha cargado con las llagas de la humanidad herida. Tomás ha recibido del Señor y, a su vez, ha transmitido a la Iglesia el don de una fe probada por la pasión y muerte de Jesús, y confirmada por el encuentro con Él resucitado. Una fe que estaba casi muerta y ha renacido gracias al contacto con las llagas de Cristo, con las heridas que el Resucitado no ha escondido, sino que ha mostrado y sigue indicándonos en las penas y los sufrimientos de cada ser humano.
Por eso es nuestra experiencia humana vivida a plenitud, no la negación ni la evasión, el método de la FE:
Cuanto más descubrimos nuestras exigencias, más cuenta nos damos de que no las podemos satisfacer nosotros mismos, ni tampoco pueden los demás, hombres igual que nosotros. El sentido de impotencia acompaña toda experiencia seria de humanidad.
Y es este sentido de impotencia lo que engendra la soledad. La verdadera soledad no proviene tanto del hecho de estar solos fisicamente cuanto del descubrimiento de que nuestro problema fundamental no puede encontrar respuesta en nosotros ni en los demás.
(...)
Estamos solos con nuestras necesidades, con nuestra necesidad de ser y de vivir intensamente. Como uno que está solo en el desierto: lo único que puede hacer es esperar a que alguien llegue. Y la solución no vendrá ciertamente del hombre; porque lo que se trata de resolver son precisamente las necesidades del hombre.

(Luigi Giussani, "Huellas de experiencia Cristiana")

Felices Pascuas!

Tags:

UN CORAZÓN DE CARNE

5 Comentarios

La solidaridad es consustancial al mensaje del evangelio. De la meditación del papa Benedicto XVI al concluir el Vía Crucis de Viernes Santo:
Siguiendo a Jesús en el camino de su pasión, vemos no sólo la pasión de Jesús, sino que también vemos a todos los que sufren en el mundo. Y esta es la profunda intención de la oración del Vía Crucis: abrir nuestros corazones, ayudarnos a ver con el corazón.
Los Padres de la Iglesia consideraron como el pecado más grande del mundo pagano su insensibilidad, su dureza de corazón, y les gustaba mucho la profecía del profeta Ezequiel: «quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne» (Ezequiel 36, 26). Convertirse a Cristo, hacerse cristiano, quería decir recibir un corazón de carne, un corazón sensible a la pasión y al sufrimiento de los demás.
Nuestro Dios no es un Dios lejano, intocable en su beatitud. Nuestro Dios tiene un corazón, es más, tiene un corazón de carne. Se hizo carne precisamente para poder sufrir con nosotros y estar con nosotros en nuestros sufrimientos. Se hizo hombre para darnos un corazón de carne y despertar en nosotros el amor por los que sufren, por los necesitados.
Las lecturas "sociales" y las exégesis en clave "alternativa" salen sobrando. La llamada sensibilidad social (la verdadera, no la de los victimismos y demás subalternidades) es inherente al ser cristiano precedido por la fe, del encuentro con el acontecimiento: Dios hecho carne que sale al encuentro del hombre.

Tags:

QUMRAN

3 Comentarios

En su homilía de la misa de la Cena del Señor del Jueves Santo, Benedicto XVI habla de la fecha histórica de este acontecimiento:

Según Juan, Jesús murió en la cruz precisamente en el momento en el que, en el templo, se inmolaban los corderos de Pascua. Su muerte y el sacrificio de los corderos coincidieron. Esto significa que Él murió en la vigilia de Pascua y que, por tanto, no pudo celebrar personalmente la cena pascual, al menos esto es lo que parece.
Según los tres evangelistas sinópticos, por el contrario, la Última Cena de Jesús fue una cena pascual, en cuya forma tradicional Él introdujo la novedad del don de su cuerpo y de su sangre. Esta contradicción hasta hace unos años parecía imposible de resolver. La mayoría de los exegetas pensaba que Juan no había querido comunicarnos la verdadera fecha histórica de la muerte de Jesús, sino que había optado por una fecha simbólica para hacer de este modo evidente la verdad más profunda: Jesús es el nuevo y verdadero cordero que derramó su sangre por todos nosotros.
El descubrimiento de los escritos de Qumran nos ha llevado a una posible solución convincente que, si bien todavía no es aceptada por todos, tiene un elevado nivel de probabilidad. Ahora podemos decir que lo que Juan refirió es históricamente preciso. Jesús realmente derramó su sangre en la vigilia de Pascua en la hora de la inmolación de los corderos. Él, sin embargo, celebró la Pascua con sus discípulos probablemente según el calendario de Qumran, es decir, al menos un día antes –la celebró sin cordero, como la comunidad de Qumran, que no reconocía el templo de Herodes y estaba a la espera del nuevo templo--. Por tanto, Jesús celebró la Pascua sin cordero, no, no sin cordero: en lugar del cordero se entregó a sí mismo, su cuerpo y su sangre. De este modo anticipó su muerte coherentemente con su anuncio: «Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente» (Juan 10, 18). En el momento en el que entregaba a sus discípulos su cuerpo y su sangre, cumplía realmente con esta afirmación. Ofreció él mismo su vida. Sólo de este modo la antigua Pascua alcanzaba su verdadero sentido.
Si bien la Iglesia enseña en su catecismo (Nª 1340) que la Nueva Pascua se anticipa a la Pascua Judía para darle su sentido, y reconoce que no hay seguridad absoluta sobre la fecha de su celebración (Nª 1170), la afirmación del Papa contribuye con la fijación histórica del acontecimiento más importante de la fe cristiana.

De paso se corrobora la relación de Jesús con la secta judía de los Esenios que formaron la comunidad de Qumran, en cuyas cuevas se hizo uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo pasado: Los rollos del mar muerto. Recordemos que el texto de Marcos 6:52s reconocido en el fragmento 7Q5 de esos rollos significó un hito en la confirmación científica de la historicidad de los evangelios, echando por tierra las tesis de la formación del mito o construcción simbólica (Strauss, Renan, Bultmann) tan de moda durante el último siglo.


Tags: