
Los ideólogos y partidarios de la llamada
Tercera Vía no pueden ocultar que su corazoncito sigue latiendo por el socialismo de viejo cuño, el de las luchas de clases. Formalmente disfrazan sus filias con la retórica social en clave "buenista" (Justicia social, estado del bienestar, etc.) pero revelando que necesitan de la robustez económica que sólamente pueden conseguir implementando algunas propuestas liberales (propiedad privada, economía de mercado, etc.) mientras que se apropian de otras (estado de derecho, subsidiariedad, promoción de la iniciativa privada, etc.). Quizá lo único positivo de la tercera vía sea que, a pesar de su típica hipocresía sociata, dan de probar algo de libertad económica a sus ciudadanos de tal manera que estos pueden darse cuenta de las ventajas de ser emprendedor frente al conformarse con la mamadera estatal.
El comentario viene a propósito de esta
apología del famoso sociólogo británico
Anthony Giddens al laborismo de
Tony Blair. Nadie mejor que el
muñidor ideológico para exponer por donde cojea la propuesta rosada, admitiendo casi a regañadientes algunas cosas interesantes:
Siempre que hay un Gobierno de centro-izquierda, tiene que sufrir críticas por no ser suficientemente de izquierdas, una acusación fácil para quienes no tienen que debatirse ni con las realidades del poder ni con los problemas prácticos de llevar a cabo una reforma.
Es un error gratuito, que cometen muchos detractores, contraponer los servicios "públicos" (estatales) a los "privados". Lo que verdaderamente importa es quién sirve mejor los intereses de la población en un contexto determinado.
Algunas de las políticas más polémicas en su día, como la de cobrar a los estudiantes universitarios parte del coste de su educación, han demostrado ser acertadas. La ampliación de la enseñanza superior es una necesidad en una economía basada en el conocimiento. El Estado no puede sufragarla por completo, porque el resultado serán unas universidades superpobladas y en decadencia, como las que existen en Alemania e Italia. Es justo que los estudiantes contribuyan, puesto que la obtención del título les proporciona grandes ventajas económicas y profesionales.
Los argumentos (retóricos y generales) de la Tercera Vía prácticamente quedan refutados por los hechos donde la praxeología liberal demuestra la coherencia de sus principios y modos de acción.
Aunque Giddens y sus colegas están muy lejos de la conversión, es bastante sintomático de como las izquierdas al perder referentes tienen que apropiarse de los de
la acera de enfrente pero sin atreverse a cruzar la pista, permaneciendo en sus cómodos foros o salones. Todavía se desgañitan denostando superficialmente contra objetivos selectos (la guerra en Irak) o creados por ellos mismos (neoliberalismo) más para mantener una imagen
crítica que por un verdadero interés humano. A la hora de las propuestas no pasan de las generalidades y las buenas intenciones.
Vicios de la política:
Vía
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