
La semana pasada se celebraron los 20 años del Protocolo de Montreal que, en teoría, detuvo el deterioro de la capa de ozono causado por el hombre. En realidad el agujero no hizo más que crecer manteniéndose aparentemente estable pero alcanzado un máximo histórico el año pasado (2006).
Nunca se llegaron a explicar los mecanismos por los cuales los ozonicidas clorofluorocarbonos (CFC) llegaban a la alta atmosfera, viajando desde el hemisferio norte hasta el polo sur. Tampoco se señalaron alteraciones en el ecosistema antártico que pudieran deberse al "hueco". Ningún pingüino se ha visto afectado por la disminución del ozono. Las transnacionales químicas salieron ganando con el fraude creando las famosas líneas ecológicas de productos.
Pero la ONU, la madre del engendro, insiste en vivir de los alarmismos globales reemplazado la ya "superada" histeria colectiva por la disminución de la capa de ozono por la histeria colectiva del cambio climático. Para matizar lo que fue un gran engaño relaciona su "exito" con el "retraso" del cambio climático (¿se acuerdan que dijeron que este año sería el más caluroso de la historia?). No esperen explicación científica para todo ello (los informes del IPCC no dicen ni pío sobre la capa de ozono), pero lo cierto es que de alguna forma tienen que justificar los millonarios aportes y subsidios que reciben de sus afiliados.
En un artículo publicado por del Instituto Juan de Mariana (España) explica el asunto:
En definitiva, por más que la ONU defina Montreal como "el más exitoso tratado internacional hasta la fecha" y considere que nos da "un mensaje de esperanza para trabajar cooperativamente en pos de solucionar los grandes problemas medioambientales", lo cierto es que la realidad no es tan hermosa. Sin duda, tuvo éxito en aquello que materialmente buscaba lograr, es decir, acabar con los CFC. Pero que haya mejorado en algo el medio ambiente al hacerlo es dudoso. Eso no quita para que, ahora que la atención del público está en otra parte, las organizaciones internacionales y ecologistas celebren su éxito como un inmenso beneficio para la humanidad. Ya se sabe que nadie las va a pedir cuentas nunca por sus errores.La historia se repite con la alarma por el Cambio Climático y el Calentamiento Global. De nuevo se señala la mano del hombre por el efecto invernadero que causan sus emisiones de CO2. De nuevo las teorías acientíficas y los escenarios catastróficos modelados por computadora. De nuevo, también, la política a escala planetaria con sus grandes ganadores donde se supone que debería ser un golpe mortal para el capitalismo industrial.
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