VIAJAR PARA CREER


El término contracorriente tienen una connotación análoga a contracultural
que es la bandera contestataria, alternativa, por excelencia y que el movimiento revolucionario ha tomado como propiedad exclusiva. A final de cuentas lo contracorriente termina siendo una moda juvenil más que aquel pensamiento único usa para atraer más prosélitos al venderles la ilusión de ser Davides-Ciudadanos poniendo en jaque al Goliath-Sistema.

Obviamente uno de los iconos de este movimiento es la revolución cubana que los ingenuos creen un Edén en contraposición al infierno capitalista en el que -cómodamente- viven. No son pocos los que defienden con uñas y dientes este ideal hecho carne ignorando o minimizando las abundantes informaciones sobre la triste realidad en la isla, o recitando sus conocidos mantras (imperialismo yanqui, capitalismo asesino, bloqueo, etc.) para cambiar el tema, evadiendo el camino que les llevaría a reconocer que la revolución es una vil estafa.

Por eso es toda una sorpresa el relato del periodista peruano Miguel Angel Cárdenas, uno de los responsables de la sección Contracorriente de El Comercio, sobre su viaje a Cuba. El título lo dice todo: El desencanto de un mito.

¿Se podía instalar la solidaridad por decreto?, ¿se podía decir, a partir de hoy: "de cada uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades"? Se supone que lo que hacía éticamente superior al socialismo frente al capitalismo es ese valor sustantivo y sustancial. Busqué la solidaridad infructuosamente.
Obcecado en vivir como ellos, me quedé tirado seis horas en la carretera a Cienfuegos --el paisaje de colas de personas que se desperdigan en todas las vías de la isla a la espera de un camión informal es desolador-- y en medio de la lluvia más ardiente de este país en que anochece a las ocho, el más solidario de los hijos de la revolución me cobró 60 dólares por un aventón salvador (que me hizo maldecir hasta al Che, convertido por el régimen en un mero cli-ché... de sumo consumo).

(...)

¿La mejor educación de América Latina? La busqué también con despecho. Y es cierto que cualquiera accede a la universidad, le facilitan libros intercambiables y becan a muchos estudiantes latinoamericanos sobre todo de Medicina. Sin embargo, el gran rumor en toda la isla es el de una huelga silenciosa de los maestros por los bajos sueldos. Por eso, es ostensible que el régimen ha tenido que improvisar en las escuelas a jóvenes recién salidos de la universidad como profesores.

¿El pueblo más culto? Si en todas sus librerías oficiales solo existen libros de Marx y Engels, cosas de Lezama Lima y Carpentier, estudios antropológicos y obras básicas de literatura universal. Y mucha autoayuda (sintomático)
-¿Y Vargas Llosa? ¿Y Borges?-- le pregunto a un librero de viejo.
- No es que me repriman, pero son mal vistos, los tengo escondidos- y acepta lo embrutecedor que es tener una ideología monolítica.

¿La mejor salud? Y este sí es un logro de la revolución. En Santa Clara acompañé a las tres de la madrugada a un niño, hijo de guajiros --campesinos--, con problemas respiratorios que fue operado sin costo alguno. La salud es el orgullo inmobiliario de todo cubano. (Esto junto con el control radical de la información y la neutralización de la rebeldía juvenil con los dos años de servicio militar obligatorio y luego de reserva son quizá los pilares con los que se sostiene la dictadura). "En tu país no sucede eso", dicen todos certeramente. Pero también es cierto que esos hospitales de las provincias --sobre los de la paupérrima Guantánamo-- son como aquí: con mala comida, cucarachas y sábanas sucias. Y que en las farmacias no se encuentra ni una aspirina (tanto que están vendiendo lo que llaman "medicina verde" o naturista).
Aunque en el artículo se nota que todavía palpitan en el corazoncito del autor ciertas ideas del pensamiento único, vale la pena leerlo íntegro para convencerse -si no lo han hecho aún- del engaño que viven generaciones de inocentes y esperanzados jóvenes.
Cuba fue la metáfora perfecta del siglo XX: la utopía que hizo soñar a generaciones, que declaró abolido el racismo, la desigualdad, que parecía libertaria. Pero fue al revés y se aniquiló en sus propias contradicciones. En el avión de regreso al egoísmo institucionalizado(*), solo pongo con ira una canción de Fito Paez, rayada en todo el viaje: "¿Quién dice que todo está perdido?... yo vengo a ofrecer mi corazón".





Poco a poco, la verdad se abre paso.

(*) egoismo institucionalizado: respeto a la propiedad privada y a la individualidad que sustentan la cultura de libertades en el "demoníaco" sistema capitalista.

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2 comentarios:

  1. Hola hola Guille! Gracias por el comment en mi blog. Te puedo poner entre mis blogs amigos? Un saludo grande!

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  2. "Elian y Fidel!!! .... QUÉ PASA JOTA?"

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